martes, 28 de julio de 2015

Hablando con el Final

Muere. Destruye todo. Desángrate. Siéntelo correr por tu piel, el frío, el miedo, el sudor de un alma en pena encerrada en una cárcel de cristal.
Escucha el tic tac de tu corazón que late sin nombres grabados a fuego, que late sin pasión, que late desquebrajándose, al ritmo de un reloj al que se le acaban las pilas.
Quizás, cuando se acaben, encuentres la paz.
Lástima que tengas que pasar toda tu vida en la miseria para al final caer en la cuenta de que deberías haber limpiado la tinta negra que se filtraba por los rotos de la camisa del pensamiento. Hubiera curado solo. Lo único que necesitabas era desinfectarlo de promesas rotas y hubieras vivido la vida que te tocaba.
Pero oh, ven a mis brazos alma perdida. Yo te arroparé con mi manto. Ven conmigo, demos un paseo, soy yo quien te llevará lejos de todo esto. No sufras más, alma en pedazos, trataremos de coserte al otro lado, así podrás mirar eternamente al mundo, así podrás desear haberlo visto con ojos vivos, haber muerto en él como el héroe que pudieras haber sido, si no hubieras dejado que tu corazón se oscureciese en el camino.

El futuro, lo perdiste. Ya no recuperarás nada. Sí, al fin hay paz, pero conmigo, alma estúpida, no volverás a tener una segunda oportunidad.

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