lunes, 27 de julio de 2015

Páginas rotas por la lluvia

Me considero fan del amor. Pero claro, de ese al que llaman "verdadero", supongo que porque siempre me han gustado las cosas que no existen.
¿Con quién puedo hablar yo del amor?
Me cuesta mucho creer en ese amor que profesáis por alguien distinto una vez a la semana. Discupad este pequeño hipérbole, pero no me alejo mucho de la realidad: No da tiempo a conocer a tu compañero.
Por no hablar del amor tan fantástico que sentía la persona que hoy por hoy, se ha ganado un sitio en mi lista negra. Cito sus palabras, que sean a buen ojo leídas por quien tenga el gusto:

  "Es que tía, me paga siempre todo, que es lo mejor de tener novio"
Que digo yo, no sé, tal vez, solo tal vez, lo mejor es querer a alguien y ser correspondido. ¿O estoy demasiado chapada a la antigua?
Tampoco me creo que tanto drama se ajuste a tanto dolor: Dos días de llantos y desesperación y en seguida has vuelto a la carga con otra persona.
Que este hecho es muy comparable a lo que suelo decir cuando alguien presume de que no le guste leer:

 "No has encontrado el libro adecuado" --repito cual gallo.
¿No os pasa que cuando no os interesa un libro --buen ejemplo: todas las obras que  incitan a odiar la literatura que todos los institutos continúan mandando--, pasáis las páginas más rápido de lo normal porque ardéis en deseos de acabar con semejante tortura?
Igual con los amores de un día, de esos que tanto se quejaba Sabina.
Ojo, no hablo de líos, estoy a favor de eso, siempre y cuando sean reconocidos por lo que son. No alabéis como una obra de arte algo que no os hace sentir nada.
Yo recuerdo muy bien la primera vez que me leí Memorias de Idhún. Estas líneas no significarán mucho para quien no haya vivido la historia, pero he de decirlo igualmente:
  De entre todos los momentos remarcables, sucedió que, sin querer, me había leído más de cinco veces la página en la que Kirtash decidió apagar el Shiskatchegg para respetar la intimidad de Jack y Victoria.
  Ya véis, un detalle tan minúsculo en una trilogía en la que mueren héroes, suceden atrocidades, se demuestra el verdadero valor y la verdadera amistad... y yo elijo quedarme embobada con un momento como ese.
  Y es que jamás en mi vida pude sentir con tanta fuerza un personaje.
  Yo por aquel entonces tenía doce años, no sabía nada del amor o de esa "frienzone" tan famosamente poblada. Ni si quiera me di cuenta la primera vez de que Jack y Victoria iban a hacer el amor. Mi mente, que aquellos días no tenía nada oscuro pululando por ahí, que no había sido corrompida por lenguas bífidas y malas decisiones, debió haberlo bloqueado. Ah, dulce inocencia...
Esa página es una metáfora de ese amor que cuesta olvidar. Unas palabras que te llenan por completo. Maldita sea, creo que fue una sola frase. Y qué frase. Dejaba completamente al desnudo al personaje más frío y descorazonado de toda la novela.
Es cuando conoces las mierdas más ocultas de alguien, todos sus secretos guardados con llave, sus malos recuerdos llenos de polvo, cuando entiendes con una sola mirada la de heridas sangrantes que lleva una persona y cuando tras saberlo, sin hablarlo, decides quedarte, entiendes entonces lo que es el amor.
Por eso sé distinguir en cierta manera quién está hecho añicos y quién no: son todos como libros. Hay portadas que dicen de todo, una historia triste, llena de amores, de aventuras, de sacrificios... Y portadas que no dicen nada. Prefieren callar lo que llevan dentro con una cubierta negra y llena de polvo.
Sé muy bien que cuando abres esos libros te encuentras con páginas amarillentas, muchas rotas, pero todas sostienen con fuerza una historia que realmente te robará el corazón.
Esta es la razón por la que me gusta hablar con los rotos, con los niños perdidos, con los que todo se callan y con los verdaderos románticos empedernidos.
Ellos no te preguntarán qué te pasa por puro postureo, elllos lo sabrán y evitarán por todos los medios que te pongas a pensar.
Claro que cuando ellos piensan, son los únicos capaces de coger la pluma y hacer que esta gotee las lágrimas que hagan decir al papel "esta es mi historia".
Pero hasta que no se sequen, ninguno se convertirá en leyenda.
             "Y es que es muy difícil marcar la diferencia
               escribiendo sobre papel mojado
               bajo un cielo sin estrellas" 

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