jueves, 20 de agosto de 2015

M.A.N

 --Sé que esto es de hace mucho, pero estoy rescatando cosas del antiguo blog y de este texto estoy muy orgullosa, porque lo subieron a la página web del instituto, hizo que mi aparentemente insensible profesora de latín y griego se emocionase y mi profesor de arte,que creía que no sabia redactar, se callase--


Últimamente los institutos no hacen muchas excursiones, así que uno se debe sentir bastante afortunado si vive una. Sobre todo si es a un lugar tan especial como al que nos llevaron el pasado 4 de marzo del 2015; el Museo Arqueológico de Madrid.

Sé lo que algunos estáis pensando, que no puede ser así, que no hay nada de emocionante en un museo y mucho menos de historia.

Bueno, pues si eres de los que piensan eso, me complace decirte que estás muy equivocado.
Hace unos días, unos pocos afortunados, concretamente, los alumnos de clásicas de cuarto de la E.S.O, primero y segundo de bachiller nos reunimos con la profesora de latín y griego y el profesor de historia del arte en la estación y fuimos directos a la gran ciudad.

Nuestros profesores coincidirán en que el tiempo es oro, y en que necesitan por lo tanto cada segundo del horario escolar para dar toda la abundante materia que nos toca aprender. Pero decidieron apostar por este día, no sé si a causa de cargantes insistencias o si tal vez ellos también lo necesitaban. En seguida os explico por qué.

La cuestión principal es que, aunque a primera instancia se pudiera pensar que el día era para decir "mira, no estoy en clase, o sea que no estoy haciendo nada", en realidad la lección se había trasladado a Serrano.

Allí nos separamos; la profesora de clásicas se llevó a los de primero y los cuatro gatos de segundo nos unimos con los de cuarto y visitamos el museo bajo la guía de nuestro profesor de arte.
Aquel día, "los mayores", deberíamos haber actuado como tal enseñando a los demás lo que sabíamos según las piezas artísticas con las que nos encontrábamos. Pero nos saltamos las reglas. ¿Por qué? Porque aquel día no éramos los mayores, sino que teníamos la emoción de un niño corriendo por nuestras venas. Oh, no es que fuera la cola de la montaña rusa, ni mucho menos, pero aquello era belleza, y a veces con eso basta.

Nos tuvimos que parar en cada cristal, a leer cada cartel, a señalar con el dedo cada cosa curiosa; desde la réplica del Australopithecus afarensis, el pequeño cráneo de miguelón y las primeras muestras de arte mueble de nuestra prehistoria, hasta la delicia que nos queda del imperio romano, cada estatua, cada retrato, tratados con tanto esmero... ¡O los mosaicos! ¿Quién tiene la paciencia de colocar infinidad de teselas de dos milímetros de anchura para hacer escenas desmesuradas?
Y así llegamos al arte islámico, que nos enseñó algo muy importante: Siempre hay que mirar hacia arriba. Resulta que durante el trayecto nos habíamos trasladado al haram de la mezquita de Córdoba, apuesta de los españoles para convertirse en una de las Siete Maravillas del Mundo moderno, seguida de una sala en la que, gracias a nuestro continuo retraso al grupo porque nos íbamos parando en todas partes, nos quedamos maravillados al mirar hacia arriba y ver un cielo estrellado de madera, un tesoro andalusí.

En todo esto por supuesto, hay  que destacar la explicación que tuvimos en el camino. Al principio fue escasa, había que mantener a un grupo grande y nosotros fuimos un poco "puñeteros" al quedarnos siempre atrás. Sin embargo, cada vez que nuestro profesor de arte venía a por nosotros, tras hacernos un par de preguntas sobre lo que veíamos para comprobar de qué nos acordábamos, acabábamos por acribillarle a preguntas a él.

Y es que, permitidme decirlo, estábamos embobados. No nos podíamos creer que nuestros antepasados hubieran hecho todo eso con sus manos. Y no cabe duda de que contagiamos al profesor toda nuestra emoción. Puede que me pase de literario con esto, pero realmente tenía un brillo en la mirada, que es muy difícil de ver en un profesor estos días.  Por eso decía que tal vez esto les venía bien. Porque una profesión como esta solo se disfruta si alguien aprende, no memoriza día sí, día también, solo para recitar todo y pasar al siguiente 'nivel', como si esto tuviera la misma importancia que un videojuego, pero encima uno de los malos.
¿Sabéis cómo llamaban los romanos a la escuela? Ludus. ¿Sabéis qué palabra podemos derivar de ella? Lúdico. Creo que todo queda dicho.

Es una pena que a causa de la hora  tuviéramos que pasar rápido por la sección de Grecia, de la que estábamos un poco enamorados, y Egipto. (Que seamos sinceros... lo de las momias es escalofriantemente divertido) ¡Horas de pie dando vueltas y se nos hizo más corto que el recreo!
No sé qué tal se lo habrán pasado los otros cursos, pero nosotros lo disfrutamos como críos.
Con un sabor agridulce en la boca, volvimos a casa, quedándonos con ganas de más.

Ahora supongo que debería explicar por qué estas líneas están cargadas de subjetivismo. Lo primero es que, durante todo el trayecto, no paraba de pensar en un grupo de arqueólogos sedientos, llenos de polvo, barro y raspones, trabajando bajo el sol abrasador, con el corazón a punto de salírseles del pecho al encontrar el más pequeño de los tesoros. Un trabajo duro solo para dar al país ese pedacito de historia que le pertenece.

Y esto deriva en una razón que os implica a todos, a "los humanistas" y a los devotos de la ciencia, en su eterna pelea, y a los de económicas y artes, que siempre están en medio de ese sinsentido. Y a los que no tengan nada que ver en eso.
¿Alguna vez os habéis preguntado qué sois realmente? ¿Qué habéis sido? ¿En qué os estáis convirtiendo?

Unos cuantos seréis amantes de la historia. Otros tantos no podréis soportarla, y probablemente porque la estéis cursando. Pero hay algo que ninguno va a poder negarme, ella encierra las respuestas a las tres preguntas. El Arqueológico alberga lo que fuimos. Fuimos supervivientes, al principio. Y eso nos hizo prácticos, lo que nos dio la mejor característica del ser humano, el ser creador. Y de la creación vino la imaginación, derivando en siglos y siglos de arte. Fuimos artistas, y es lo que seguiremos siendo. Porque el arte es un proceso evolutivo. Así que en artistas nos convertiremos. Solo que más sofisticados, colaborando todas las ramas del saber en acercarnos cada vez más a ser dioses.

Podéis odiar todo lo que queráis algunas cosas de este país, pero no podéis negarme que tenemos un magnífico legado, y el Arqueológico, entre otros, está allí para recordarnos que somos dueños de infinidad de tesoros. --© Elena Lara


                  

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