jueves, 20 de agosto de 2015

¿Para qué sirve la filosofía?

Esta fue la disertación que mi profesor de filosofía me animó a presentar al concurso en primero de bachillerato. Repito, ando rescatando cosillas. Recuerdo que eligió esta de entre todas las demás porque no tenía nada de teoría, era original y eso le encantó. Gracias, L, me marcaste muchísimo.

¿Para qué sirve la filosofía?

“Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva, ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz” (Guilles Deleuze, Nietzche y la filosofía, 1962)
Un padre asustado porque su hijo quiere estudiar una carrera relacionada con ella o un adolescente que no sobrevive a las clases que no entiende responderán con el típico “para nada”.

Esto sucede porque al ponerte en contacto con la filosofía no la encuentras una utilidad que esté realmente definida, como algo tan simple y necesario que es comer y por tanto cocinar algo para saciar el hambre.

La filosofía muchas veces se ha percibido como algo inútil, ya que no produce un bien inmediato.
¿Para qué sirve entonces la historia? ¿Y las artes? ¿Cómo hemos podido llegar al punto en el que la gente también se pregunte para qué sirven las lenguas?

Sin embargo todo esto está muy presente en nuestras vidas y tiene un valor inestimable. ¿Para qué necesitamos algo inútil entonces?
¿De qué sirve la decoración de tu salón o la foto ya decolorada de tu familia en los ochenta? Si no te va a dar de comer…
Pero… ¡Qué haríamos sin esos detalles!

No disfrutarías igual de un café en tu salón si el sitio no te agrada, ¿verdad?
Ni reírte con la forma de vestir de tus padres en esa época y que yo sepa, una buena carcajada es bastante útil.

Gracias a esta lista de preguntas podemos recordar algo importante; los humanos nos preguntamos el por qué de las cosas. Lo hemos hecho siempre, está en nuestra naturaleza, es solo que no conocemos el nombre de esta acción hasta que nos viene de lleno, la filosofía.
¿Qué es sino un pensamiento filosófico el preguntarse por qué esto o lo otro?



En el pensamiento más profundo, nos llegamos a preguntar por qué existimos, por qué somos así, por qué nos ha tocado esta vida. Es indiscutible que los reyes de esas mismas preguntas sean en su mayoría adolescentes que curiosamente, a gran parte de ellos les frustra la filosofía. Necesitan conocerse a sí mismos, es una característica muy importante del ser humano, saber quién es.
No hablo del nombre, el trabajo o la reputación, sino el por qué de su existencia.

Es la filosofía lo único que responde a la pregunta del sentido de vivir. 


Las ciencias del mundo, cada particular, del cual obtendríamos ese bien inmediato, aportan un gran conocimiento, es indudable y completamente necesario. Pero una cosa no puede vivir sin la otra. Sin filosofía no hay ciencia y la propia ciencia crea la filosofía.

Por ejemplo, la anatomía humana. Podemos conocer cada centímetro de nuestro cuerpo, pero si ese fuera el único conocimiento que tenemos del hombre, el ser humano dejaría de llamarse como lo que es; un ente pensante, impredecible y repleto de complicadas emociones, que necesita respaldarlas por una razón, la filosofía. 

Necesita saber, preguntarse “por qué” para llegar a un conocimiento más claro y muchas veces, llegar con ello al bien inmediato. 

Porque, ¿Qué sería un bioquímico por ejemplo, si no se preguntase en su buena tirada de errores por qué no funcionan sus medicinas hasta que llegase a la solución, la medicina eficaz? Nada. Abandonaría el proyecto a la primera de cambio. Sin esa insistencia de al tener un error preguntarte por qué, no habría ningún avance. ¿Y si esas medicinas que investigaba estaban destinadas a curar una epidemia mortal? Hablando desmesuradamente, acabaríamos con el mundo.

Apuesto lo que sea a que las respuestas negativas a la pregunta del tema vienen porque el nombre asusta. La filosofía ha conseguido la reputación de difícil con la rápida pérdida del interés.
Cuando me topé por primera vez con Descartes, por mucho que me jurasen que la explicación de una de sus ideas era bastante escueta y solo era un ejemplo para explicar una teoría muy diferente, no pude evitar asombrarme. En resumidas cuentas: ¿Negar la existencia de todo? ¿Cómo se puede hacer eso? Y lo más importante, ¿Para qué me iba a servir eso?

Más tarde me di cuenta que esa idea se había quedado dando vueltas en mi cabeza durante más de dos semanas. Me entretenía, o dicho más elegante, me hacía pensar. Fue tema de conversación durante varios días, una conversación adulta y sin querer hasta llegué a aprender bastante sobre cómo ganar discusiones, algo realmente útil.

Todavía hay ideas más extrañas que esa. Pero si le quitamos la complejidad de entender el pensamiento de algunos autores que rápidamente juzgan por locos, si quitamos los nombres difíciles y el estudio intensivo y miramos la filosofía en su forma más pura y simple, personalmente le daría otro nombre; curiosidad.

Reformulemos la pregunta; ¿Para qué sirve la curiosidad?
¿Para matar al gato?
Al menos el gato murió haciendo algo. Murió por culpa de un error, pero eso es solo el punto de vista más drástico. La curiosidad te obliga a cometer errores, pero aprendes de estos.
Sirve para conocer, para entender, para descubrir.

Todavía se podría continuar con sus utilidades:
Para dar lugar a las ciencias exactas, para construir útiles con ellas, para que estos útiles nos den el bien inmediato que necesitamos.
Y, ¿Por qué no? Para discutir la utilidad de ese bien, para preguntarnos si es algo bueno o malo, para incitarnos a crear algo mejor, para preguntarte si ese “algo mejor” no es en realidad lo peor… quizás para volverte loco, a fin de cuentas.
Pero gracias a esa locura puedes sentir que estás vivo. Que para eso somos humanos. Pensamos, es algo que necesitamos.

Remontémonos a las etimologías griegas:
φιλο (amor) σοφία (saber) ¿Es un amor al saber? Es una característica humana. Coloquialmente hablando, necesitamos ser unos “sabelotodo” para “no quedar mal”, necesitamos dominar el conocimiento, sea cual sea, y en ese acto la filosofía está más que presente. 

Pero claro, es verdad que también necesitamos la unión de pensamiento, si no somos “esa gente loca que nadie entiende” y pronto nos olvidan. Qué curioso, estas dos situaciones completamente contradictorias son en realidad lo mismo, filosofía.
Tropezamos cinco veces con la misma piedra, nos enamoramos de esa piedra, la odiamos por hacernos caer y no a nosotros mismos por no mirar por dónde ponemos los pies… Errores. Asumibles, llenos de moralejas, hechos de filosofía pura.

Al final la locura de esos antiguos autores no está tan lejos del enrevesado pensamiento del hombre actual, ¿Verdad?

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