viernes, 4 de septiembre de 2015

Querido amor de mi vida



Querido amor de mi vida:
¿Sabes que somos almas gemelas? Nacimos a la vez, pero por alguna razón, nos separaron. Voy  a buscarte, amor, demasiado tiempo llevamos separados.
He decidido escribirte por un montón de razones.  Verás, dentro de poco nos conoceremos, y he aprendido que todo tiempo ha de ser bien aprovechado. Incluso el que nos han quitado.
He vivido una muerte de cerca, he perdido a un ser querido. Un trágico accidente se llevó a un familiar de mi vida, y en el peor momento. Habíamos discutido la noche anterior y recuerdo con viveza mis últimas crueles palabras. Le dije que le odiaba. Eso no es cierto, pero ya se sabe que la ira te transforma. Ahora nunca jamás tendré la oportunidad de confesarle lo mucho que significaba para mí.
No quiero perderte, pero si lo hago: Quiero que sepas que te quiero.
También he aprendido que las confusiones son el peor enemigo del ser humano.
El otro día creí haberte conocido; me salieron mal los cálculos. Eras guapo, encantador, brillante y elocuente, todo un caballero…y un capullo integral. Pero mis ojillos creían fervientemente que eras tú, y mi devoción por ti, sabes bien que no tiene límites.
“Todos cometemos errores” me repetía una y otra vez. Así es como perdonaba cada puñalada, pues creía que eso era lo que el amor significaba.
Cuando abrí los ojos y dejé de confundirme, tras mil malas decisiones y amigos que no quise escuchar, ese amor me había llevado tan alto, que lo único que podía hacer entonces era caer.
Y caí durante días, durante semanas, aún hoy sigo cayendo: pienso en los besos narcóticos… y claro, solo puedo caer más adentro. Se me ha acabado el recorrido y ahora estoy en el infierno, donde las llamas y no los ojos, desnudan por completo.
Sin ataduras, sin vergüenzas, me paseé durante un tiempo entre demonios, no volviendo a confiar en los sentimientos, pensando que jamás te encontraría, que tú y yo no estábamos destinados  a conocernos.
Pero el infierno nunca es un buen sustituto de lo verdadero: los demonios y sus juegos a la luz de la noche acabaron matando lo único bonito que me quedaba dentro.
Entonces pensé que las personas eran el verdadero demonio. Desde años, pocos se habían atrevido a compartir conmigo el mismo camino. Puro miedo, vaya, algo les asustaba de mí, me rehuían cuando tenían la ocasión.
¿Por qué todavía no nos hemos visto? Ya no creo en ti, ya no creo en nadie. Todo son engaños, el amor siempre fue el primer fraude.
Espera, siempre hay un rayo de esperanza, ¿No? Todo parece perdido, ya no veo nada. Pero ha pasado un haz por mis ojos, un reflejo que ha encendido las luces…
Querido amor de mi vida,
 hoy me he mirado al espejo, y no te he visto sonreír. Tranquilo, ya lo he comprendido. Y eso no volverá a pasar mientras me tengas al otro lado del cristal.

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