viernes, 22 de abril de 2016

#Nox Stellas



Escribimos cosas bonitas para quien jamás las leería.
Son demonios, son los demonios de los escritores los que se plasman en el papel. Yo sé que tengo dos, y me susurran a mis oídos que tenga miedo, que odie, que sea débil. Me susurran que me rinda.
Sin embargo, uno puede pactar con el diablo. Llegar al acuerdo de toda una vida. Pedir a un demonio la tinta, a otro el papel, y ser tú la pluma. Uno nunca matará a esos demonios con dichas armas, ese es el pacto: hacerlos inmortales, pero menos dañinos.
Aunque claro, escribes sobre tus demonios y te das cuenta de una cosa: no quieres que nadie los conozca. Porque los has cogido cariño, porque son parte de ti. Llevas tanto tiempo escribiendo sobre esos amigos tuyos que tienes miedo que sepan cómo son y lo que dicen de ti.
Por eso a muchos les cuesta enseñar lo que escriben. Por eso, si lo hacen, tienen miedo.
Llevo mucho tiempo escribiendo sobre sentirse diferente, sobre sentirse lejos de todos. Llevo mucho tiempo escribiendo sobre el mundo que creé solo para mí. Y no quiero que la gente piense que soy una chica triste, que soy una víctima. Porque no es así. Soy feliz a mi manera, y peleo como un león enfadado cuando lo necesito.
También llevo mucho tiempo escribiendo sobre tu recuerdo. Y eso no significa que me muera por tus huesos. Eso no significa que te odie. Eso no significa que no podamos ser dos buenos amigos. Solo significa que he aprendido lo que dicen las canciones y de lo que hablan los libros que ahora soy capaz de escribir. Y eso no es malo. No es malo que un poema tenga nombre y apellidos. Tú también guardas cosas con mi nombre. Y eso no hace daño a nadie.
No me gusta enseñar lo que escribo a nadie, porque todo lleva a malinterpretaciones. La gente lee entre líneas, y el “pobrecita” pasa por sus cabezas. Yo no buscaba la piedad, no necesito eso. Si lo enseño, busco causar una emoción en el estómago de quien me lea. No la compasión por el escritor sino por el personaje.
El pacto fue ser portavoz de los consejos. El pacto fue ser la voz en vuestras cabezas. El pacto fue ser parte de la guía de la vida que solo la fantasía os facilita.
Escribí para algunos niños perdidos un refugio seguro. Cuando estaba con ellos prometieron no rendirse, defender su diferencia. El paso de tiempo ha dejado estragos, y yo me fui sin saber qué pasaría con ellos. Algunos han caído al vacío. Triste, triste resultado. Yo no quería eso. ¿La forma de defenderse es unirse a la masa? ¿Es fingir que no tienes algo por lo que destacar? Eso es perder todo lo bonito. Nunca imaginé que si me alejaba de la vida de alguien, que si no estaba allí para sacar las uñas ante los insultos esas personas no supieran gruñir solas después de tanto tiempo. Que dijeran que sí a lo común. Que el miedo volviera a sus cuerpos como si nunca se hubiera ido. Que todo lo que les enseñé… no sirviera de nada.
Te escribí mil cosas que nunca te enseñé, y a veces lo sigo haciendo. Debí de haberte enseñado esto mucho antes, y ahora simplemente no puedo. Tranquilo, fuiste el primero, pero no fuiste el último. Ya he pasado por lo mismo, varias veces, en muy poco tiempo. Y bien sabes que soy fan de lo verdadero. Mira cómo me ha salido la cosa; ruinas y más ruinas. Cada día que pasa creo que siento cada vez menos, y me da miedo acabar por no sentir nada. Que eso es lo que te deja una decepción tras otra. Que así es cómo se curte uno, como se levanta muros cada vez más difíciles de destruir. Eso sí que es malo. Por eso me gusta escribirte, de vez en cuando. Y releer lo que nunca llegó a tus ojos hace tiempo. Porque al menos es un recuerdo sólido. Al menos tengo algo que me dice que en lo que cada vez creo menos, una vez fue bastante real.
No me gusta, no me gusta enseñar lo que escribo. No me gusta presentar a mis demonios. Hasta que se los enseñé a alguien que había vivido exactamente lo mismo. Que decía que todo lo que escribo tenía mucho sentido. Que no se apiadaba de mi alma, pues también había vendido la suya. Que compartía mis demonios y que de una forma u otra, eran exactamente los mismos.
Que dijo, al fin, que lo triste también era bonito.
Que los malos son los buenos.
Que los buenos son los cobardes.
Que los solitarios son los artistas.
Que los artistas son los que luchan.
Que luchan para que este mundo,
Aunque cueste creerlo,
Siga teniendo,
Un poco de locura.
Que es lo que nos recuerda, pese a que duela, que seguimos vivos.


Entonces recordé, que para eso escribo.

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