miércoles, 30 de marzo de 2016

Del 27 de marzo a todos los días del año

--Tienes que tener un poco de cultura general -- me decían cuando me sentía incapaz de aprenderme tanto cambio de leyes educativas en los últimos años --. Es necesario --repetían.
Yo les doy toda la razón, pese a lo que pudo costar. Porque con lo mala que soy con los números, jamás habría aprendido a sumar si no hubiese insistido en las matemáticas. Es más, podría decirse que me convertí en una curiosa de la biología, aprendiéndome el sistema nervioso y todas sus funciones, incluidas unas cuantas que no son más que teorías. “Cultura general” característica humana. “Trabajo asegurado” se oye a lo lejos. Mucho miedo da que un niño quiera dedicarse a la música si en la escuela crece esa misma curiosidad que tuve yo por la biología (os hablo con siete documentos Word abiertos para terminar una traducción al inglés). Así que, por miedo, mejor quitarla. Por miedo, dar teatro en la escuela ni si quiera fue una opción. Que es muy difícil que eso te aporte nada, ¿no? Cómo iba a hacerlo. Es teatro. ¡El teatro, cultura! Qué blasfemia, ¿no crees? Menuda tontería…
Después de una sarta de mentiras, vayamos a otro argumento más importante. Vayamos a que un niño tiene que hacer ejercicio para desarrollarse, así que introducimos en la escuela “educación física” que, y por favor nadie malinterprete, no opino que debería quitarse. Hagamos que el niño sude, juguemos con la autoestima de los que no nacieron con una asombrosa coordinación. Porque… ¿cómo va a sudar un niño en teatro? ¿cómo puede ser eso bueno para el cuerpo? Si no tiene que estar corriendo entre bambalinas, no tiene que soportar focos abrasadores, no tiene que aprender a estar muy concentrado y controlar su respiración tanto para calmar los nervios como para llegar hasta la última fila con una voz alta y clara. El teatro, el que te enseña a aprender cómo funciona tu cuerpo de la manera más original posible. El teatro, que te da la autoestima suficiente como para enfrentarte a cientos de personas haciendo el más absoluto ridículo.
A los que opinan que el teatro no es necesario, nos vemos en vuestra próxima presentación en la universidad, o en alguna entrevista de trabajo. Estoy segura de que ahí sí que vais a sudar, que tanto se necesita.
A una hora de que acabe, feliz día mundial del teatro.
Elena Lara

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