jueves, 15 de septiembre de 2016

... "Caminante, no hay camino: se hace camino al andar"

  No sé cuántas veces me ha enamorado la universidad. Esta es una de esas veces, uno de esos momentos que dices "este es mi sitio". Pues de sitios va el asunto. No pienso resumir todas y cada una de las clases, aunque eso no significa que esta no haya sido especial. Se merece su espacio.

  Hoy hemos tenido la segunda clase de Escritura Creativa. Podría decirse que la profesora me ha comprado con las referencias a Sabina y Tolkien, pero la verdad es que lo que me ha enganchado ha sido la pasión con la que hablaba incluso tratándonos de usted.

  Por un lado, hemos debatido sobre las diversas manías del escritor: el colgante amuleto que se compró en París, los quince lapiceros de punta afilada ordenados según la escala cromática, rodearse de diecisiete bolsas de patatas fritas o irse al bar a abstraerse con el mismo ruido de este. Al parecer, hasta la cosa más sencilla es un ritual. Hoy os confieso que yo también tengo los míos: usar la pluma de mi padre cuando escribo en el cuaderno, la comida por todas partes cuando escribo en el ordenador y sentarme de la manera más incómoda posible para calmar la tensión. Es curioso, porque jamás hubiera pensado que esto ayudaba a escribir.

  Por otro lado, hemos hablado de la fórmula mágica de la creatividad, "la sensibilidad artística". Qué bonito suena. La cuestión es que no es solo algo que se lleve dentro, se puede desarrollar, que es lo que más me ha llamado la atención. Hasta ahora, no me he encontrado con nadie que haya analizado las cosas más mundanas que hacemos los que estamos un poco afectaditos con el arte. Si todo el mundo las llevara a cabo... ¡qué de cosas cambiarían! Antes pensaba, muy de vez en cuando, que estaba un poco empanada, pero resulta que todos mis tics son rutinas de inspiración. Quedarse mirando lo ultrainteresante que es la mancha que ha dejado el cadáver de la mosca en la pared tiene hasta sentido. La mancha se parecía un corazón, un corazón dibujado con la muerte de un ser vivo. ¿Es la muerte el final del amor? Lo sé, lo sé. Llamádme loca. Sin embargo, creo que si os ponéis a reflexionar así no creeréis que todos nuestros tornillos han huido despavoridamente de nuestras explosivas cabezas.

   Así pasa con todo. ¿Cuántas veces levantamos la vista del móvil cuando vamos por la calle siguiendo el camino que nos lleva al trabajo? Nuestros pies se lo saben de memoria, nuestro cuerpo va solo. ¿Para qué observar si algo ha cambiado? Nada lo hace.... ¿O sí? Sin ir más lejos... dicen que los desconocidos que pasean como extras en tus sueños son gente con la que alguna vez te has cruzado, gente que no recuerda tu consciente pero sí tu pensamiento inconsciente. ¿Por qué no hacemos una historia para esos segundones? Puede que jamás en nuestra vida volvamos a ver esa cara, y puede que esa cara fuera potencia en ser el amor de nuestra vida. Si no vais un poco "en vuestros mundos de yupi", nunca os chocaréis estrepitosamente con susodicha persona que se ofrecerá a recogerte los apuntes que has tirado por idiota cual momento americanada del siglo.
Esa siempre ha sido mi teoría, hoy me encuentro con que es una ciencia...

  Seguidamente, hemos analizado lo que dicen nuestros libros favoritos sobre nosotros y este es un ejercicio que fervientemente os recomiendo llevar a cabo: elegid uno o dos libros de lectura obligatoria en la escuela, el instituto y vuestro momento actual (ya sea recomendado por expertos o la uni o lo que queráis). Tienen que ser títulos que os hayan gustado. Elegid, además, uno o dos libros de las mismas etapas que hayáis leído por cuenta propia, por ejemplo, en los veranos. Todos esos tienen que haberos gustado, pero tenéis que escoger una sola razón por cada uno, como el lugar, un personaje determinado o un detalle. Poned todo eso en conjunto y buscad las asombrosas similitudes. Todo está conectado con tu personalidad más íntima. En mi caso particular, puedo decir que, teniendo una familia tan liberal y un espacio tan propio, siempre me he sentido encerrada. Parecerá una tontería, pero si miro atrás no paro de ver el colegio y el instituto acechando entre mis peores pesadillas. "No hagas esto, no hagas lo otro, saca buenas notas o serás un fracaso, no puedes entrar en este grupo porque eres rara, sé una dama (¡pero súbete esa falda!), matemáticas". No le encuentro otro sentido a que Peter Pan sea mi cuento favorito, que quiera ser pirata o poder refugiarme en Hogwarts (aunque de seguro tiene muy poco), me sienta identificadísima con Victoria, ame los vuelos de los dragones o necesite que si grito "Hija de la Luna" pueda aparecer en la mismísima Fantasía con ella. Ahora estará muy de moda, pero antes ni dios se atrevía a compartir esto. Normal que prefiera otros mundos a este y mira que este es precioso.

  Puedo concluir con el consejo que hoy mismo he recibido: "sal a curar todos tus males caminando". Pero camina con visión periférica, con visión metafórica, con los ojos de un niño que ve por primera vez el arcoíris, con emoción en cada instante. Que corra todo eso por tu piel como un adolescente hormonado. Hay que hacer nuestro propio viaje del héroe, caminando como Frodo por toda la maldita Tierra Media (no, no vale llamar a las águilas, no me seáis tramposos). Así, si tus problemas no se resuelven, al menos tendrás una nueva aventura de la que escribir. Ya lo decía Machado...

 Barella Vigal, Julia. La magia de las palabras en la escritura creativa.
Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá de Henares, 2016.



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