jueves, 15 de septiembre de 2016

El truco está en entregarse

Esto ni si quiera es una crónica, no sé ni cómo llamarlo. Podría decirse que es una pequeña reflexión de lo sucedido hace dos noches.

En resumen, he vuelto a ver a uno de mis grupos favoritos en vivo y en directo, además de en primera/segunda fila. Os hablo de Mago de Oz (cómo no).
Hace unos años ni si quiera pensaba que podría tener la oportunidad de verlos. Ahora ya llevo dos y los que me quedan. Me lo pasé incluso mejor que la otra vez. ¿Por qué? Muy simple, son dos pequeñas razones: la primera y más personal es porque un amigo mío estaba allí arriba con ellos y, aquella noche, pensé en lo que debe sentir al haber cumplido un sueño, al haber llegado hasta allí (y lo que le queda por delante) cuando otros dijeron que era mejor abandonar. Qué queréis que os diga, la empatía a veces tiene sus cosas buenas, el chute de felicidad de ese pensamiento es una de ellas.
La otra razón y la más importante para cualquiera que haya llegado hasta estos lares y siga leyendo es, básicamente, que notaron nuestro entusiasmo. Que más de quincemil personas estuvieron dándolo todo.

Precisamente el que tenía delante no daba nada de nada, por lo que me toca apuntar que creo que hasta Zeta se dio cuenta (y si no lo hizo, dejadme soñar), pues para introducir Hoy toca ser feliz (hola, canción favorita aquí), dijo que si teníamos a alguien al lado que no se movía, que le llamáramos la atención (puntualizo, él no se movía y yo tenía el pelo empapado por el sudor, además del hecho de que se me veía desde escena).

Todos estaban sonriendo en prácticamente cada una de las canciones. Eso se nota, se nota muchísimo. Ellos estaban sintiendo nuestra alegría y eso subió todavía más la calidad de la que ya tiene Mago en sí.

Al final del concierto, Zeta agradeció nuestros gritos, nuestros saltos, nuestros cantos y hasta me señaló (que lo sé) cuando dijo que algunos habían sudado demasiado y eso es que nos habíamos entregado totalmente, algo por lo que estaba muy contento.

Creo que mi límite de felicidad explotó. Ahora la depresión postconcierto ataca y esto no es sano. ¿Alguien que me lleve al próximo?

Fotos de Natalia Emede 




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