lunes, 19 de septiembre de 2016

Informe de moñadas 2.0: El confesionario


"Sí, señor alcalde, fui yo la que puso esa carta perfumada bajo la puerta de tu casa"

Hoy vengo a prestar declaración. Confieso que soy más moñas que Jack pintando a su muñequita francesa. ¡Oidme todos! Ya lo he dicho. No es que haya cambiado nada, sigo siendo la misma chica que prefiere girar la rueda de su amplificador al cien cuando suena acdc en aleatorio, el videoclip de diabulus in musica me parece una obra maestra y me verás antes con mis sucias converse que con mis tacones. 

Sin embargo, ya me he confesado. Love Actually es una de mis películas favoritas, las canciones de la etapa sana de Melendi me han conquistado; por eso os comparto esta para ilustrar lo que quiero deciros.

Veréis, he llorado a solas abrazando el libro que me acababa de terminar, tengo serios problemas de continuar con mi vida una vez que me acabo una serie y enamorarme de una pareja de película (o de las series mencionadas anteriormente) ya es rutinario. Tengo a Aragorn y Arwen dibujados en mitad de su beso final, aunque bien tentada estaba a poner esa parte preciosa en la que ella dice: I rather spent one lifetime with you than face all the ages of this world alone / It's a gift, it's mine to give to whom I wish, like my heart. (Que en cristiano sería algo así como "Prefiero pasar una vida mortal contigo que enfrentarme a todas las edades del mundo sola/ Es un regalo, es mío para dárselo a quien desee, como mi corazón). Por tener, tengo hasta a mis dos exs más serios entre un montón de poemas, como personajes increíbles de mis libros y hasta hay un par de dibujos suyos por ahí. Si enumeramos hasta tengo una canción sobre el desamor que jamás me atreví a enseñar ( y me vais a dar tiempo hasta que algún día me entre el coraje). 

¿Quién no lo ha hecho? Sed sinceros con vosotros mismos. ¿Quién no se ha emocionado con las historias de sus libros? ¿Con las canciones que suenan en vuestro corazón? ¿Con los cuentos que nos cuenta la televisión? Como mínimo, tenéis que admitir que Hachiko os ha roto el alma. Y lo sabéis.

Me veis a mí, con la boca abierta y ojiplática mientras hago el trabajo final de Arte, admirando la sensibilidad de Boticelli, Da Bologna o Michelangelo (que sí, Miguel Ángel, que solo me las quiero dar de entendida). Luego de entregarlo y mucho después de tenerlo de vuelta, estar tentada a callarte ese nueve para no dar de qué hablar. Mi profesora de Escritura Creativa lo llama "miedo al éxito". Yo no sé cómo denominarlo. Tienes en tus manos algo en lo que le has puesto todo el cariño del mundo, algo que te ha motivado en una asignatura tan difícil y que te ha enamorado investigar sobre ello y tú... Tú quieres callarte, cuando deberías gritar a los cuatro vientos lo mucho que molas y por qué. 

¿Qué nos ha pasado? Ocultamos nuestras habilidades como nuestra ñoñería, todo por el estúpido qué dirán. ¿Y eso qué importa? Confieso que antes no sabía muy bien ni cómo querer ni cómo demostrarlo (vamos a especificar: hablo del amor de pareja). Creo que como todos. Después de eso, ves como la multitud se revuelve las entrañas con el mismo puñal que lleva a la espalda, se refugia en el pesimismo y evita los romances de la cultura a base de burlas y alguna risa fingida. Sepa usted, caballero, que entre tanta broma hay un deseo irrefenable de un beso bajo la lluvia y de hacer como que nada más existiera. 

Admiro a esos valientes que dicen lo que sienten, los "machotes" que tienen una horrible llorera con Titanic y se tatuan el amor y el valor hasta en el pecho, bien cerquita del corazón. Al retrasado que me enseñó a decir "te quiero" y a los que me han inspirado para tanta tontería. 

Creedme si os digo que este último año ha sido un cambio constante en mi vida, es como si los últimos acontecimientos fueran un bic dando vueltas a mi cinta rota y que al volver a sonar fuera una remasterización de altísima calidad. Entre muchas cosas, me he dado cuenta que no es que no haya nadie con el que hablar del amor, como mencioné en un viejo post, es que estamos todos pero nos callamos como idiotas.

Hablad un poco de esto, primero con vosotros, luego con el resto. 

El mundo es mejor con otra actitud, pero, sobre todo, es mucho mejor con alguna que otra moñada en vez de repetir eternamente que la vida es una mierda. Sonreíd un poco (y a enamorarse sin cagarse en los pantalones), que empezáis a aburrirme.

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