sábado, 31 de diciembre de 2016

Nunca Jamás, Siempre

Antes de que llegara la zorra de Wendy a Nunca Jamás, ya estaba yo. Antes incluso que Peter Pan o Campanilla, ya estaba yo. Nunca Jamás es mi hogar, yo soy la primera niña perdida.
Sin embargo, mi hogar no está hecho para una sola persona. Cuando los demás entendieron que Nunca Jamás no era un sitio ridículo ni para niños pequeños, cuando comprendieron que estaba lleno de maravillas y que todos los cuentos y todos tus sueños se hacían realidad, querían verlo.
Nunca Jamás abrió sus puertas. Entró un niño perdido que se convirtió en mi otra mitad. Le creció la barba, pero él puede volver a casa cuando quiera. Es el niño mayor al que dejo entrar. Y ese no era el famoso niño de Nunca Jamás, él llegó más tarde. Aun así, me hizo mucha ilusión dejar entrar a Peter Pan. Era un niño de ensueño, con el pelo revuelto y esa sonrisa que le cruzaba la cara de oreja a oreja. Para parecer mayor y temible, sacaba pecho y se ponía las manos en la cintura, muy firme, poniendo los brazos en jarra. Me parecía adorable. A él no hacía falta enseñarle a volar, ya sabía solito. Cantaba canciones con su flauta y hacía que todo a su alrededor temblara de emoción. Tanta inocencia era más que bienvenida en mi casa.
Pronto descubrí que las hadas siempre habían estado conmigo en Nunca Jamás, pero eran tan pequeñitas, que no me fijé lo suficiente. Sabía de la existencia de Campanilla, pero nunca hablé con ella hasta que, prácticamente, Peter Pan empezó con sus alegrías a levantar un grupo de amigos muy bonito. Campanilla es perfecta, ¿cómo no me pude dar cuenta? Es el hada más bonita de todo el reino. Tiene una sonrisa todavía más acogedora que la de Peter, y siempre anda dando polvos de hada a mi amigo para que no se olvide de volar, sacrificando un poco de su poder para que Peter Pan siempre pudiera sonreír. ¿Tenéis idea de lo noble y admirable que es eso? La quiero con locura. Peter Pan empezó a quererla, también. Eso me encendió el alma. Tenía muchas ganas de que se quedaran a vivir aventuras juntos en mi humilde Nunca Jamás.
Peter trajo a Wendy a casa y yo decidí darle una oportunidad. Wendy también parecía una niña perdida, y eso era últimamente el único requisito para entrar en mi refugio.
Wendy y Peter Pan…
Menudo desastre.
Wendy no quería a Peter Pan, Wendy quería la flauta mágica de Peter Pan, quería sus cuentos de hadas, quería volar para tirarle al suelo y quería los polvos de Campanilla más que otra cosa. Hasta dejarla sin poderes. Hasta dejarle sin canciones. Para el colmo, Wendy venía con un perrito faldero, un Beagle pelirrojo, muy mono él, muy adorable.
Todos queríamos a ese perrito, estaba lleno de sueños. A Peter le encantaba ese perrito. Quería cuidarlo siempre. Era pequeño, escuálido y torpe, pero para Peter era un enorme lobo callejero.
Peter tenía un amigo que no era de este cuento, pero fue una bonita historia para mí. Hace tiempo, Peter me enseñó un viejo-juego retro. Con el enorme Rompe Ralph había que romper y romper y romper… Ralph solo sabía romper. No entiendo cómo me podía encantar tanto ese juego… Especialmente sabiendo que era tan retro que no funcionaba, que en los mismos recreativos, un juego última generación sobre una japonesa de ojos verdes y con pintas de salvar el mundo, consumía toda la energía de la sala, matando al juego viejo que parecía el más interesante.
Rompe Ralph me dijo que dejara de jugar. Me pareció muy triste, pues, si hubiera entrado en Nunca Jamás, esto dejaría de ser un juego para él. Hubiera encontrado la energía que necesitaba, lejos de tantos chismes que les robaban la imaginación a mis futuros niños perdidos, impidiéndoles entrar en mi casa por haberse dejado llevar.
¡Pero Peter y el perrito trajeron a Rompe Ralph de vuelta! Justo cuando a Wendy le empezaron a salir canas cuando decidió teñirse de negro y fumar de un palo largo desde lo alto de unos tacones de aguja.
Qué entrañable fue verlo de nuevo. A todo esto, ¡me estoy distrayendo! Todos me distraían de lo realmente importante, mi querida Campanilla. Campanilla que intentó querer a Wendy, que intentó apoyarla pese a todo lo que Wendy estaba haciendo. Wendy destrozó a Peter del todo, así que Ralph, el perrito y yo quisimos ayudarle. Pero Wendy no había acabado. Wendy siguió destrozando a Campanilla y, envuelta en su abrigo de dálmata, corrompió a ese perrito que tanto prometía. El perrito destrozó la confianza de mi querido Rompe Ralph, yo nunca había visto a un juego llorar… El perrito sepultó el amor que Peter le tenía, se ganó el odio de Campanilla y siguió a su promesa de muerte por toda la gran ciudad.
Y después de todo, Ralph prefería al perrito. Yo, que le quise regalar Nunca Jamás, que le quise dar toda mi magia, acabé siendo rechazada por Rompe Ralph. Ya me rompió una vez y ahora, de otra forma muy distinta, volvió a hacerlo. Ralph solo sabe romper, lo lleva en su nombre.
¿Y ahora qué? De pronto, todos los que querían disfrutar de la magia y encontrar su salvavidas, han hundido mi barco, como tantas otras veces. Se acabó. Nunca Jamás ha cerrado sus puertas. Voy a cuidar de Campanilla todo lo que pueda. Mi hadita se merece una bolsa entera llena de purpurina. Se merece dejar de tener las alas rotas. Tranquila, Campanilla, yo no te dejaré caer. Y mientras Peter y tú os queráis tanto, Peter puede disfrutar de Nunca Jamás todo lo que quiera. Que corra, que cante, que ría, que vuele contigo. Yo os protegeré.
Pero primero, tengo que sacar a la Perla Negra a flote. He comprendido que allá donde los cuentos se hacen realidad, solo entran los buenos de las pelis, hasta que viven lo suficiente para convertirse en un villano.
Así que surcaré los mares buscando al villano, pues él seguramente se acabe convirtiendo en el bueno de mi historia. He oído hablar de él, ¿sabes? Dicen que lleva pantalones de cuero, como yo, y el rabillo del ojo pintado como un roquero de los ochenta. Dicen que tiene un barco y hasta le falta una mano. Si quiere venir a Nunca Jamás, él sabrá cómo entrar y cómo superar todas y cada una de las barreras mágicas que he levantado para proteger mi hogar. Y lucharemos con espadas, y surcaremos los mares, y sus ojos azules prometerán la libertad con la que soñé desde siempre. Es la única persona que podrá pasar.
Mientras tanto, volveré con mi primer niño perdido. Habrá crecido mucho ya, pero sigue tan alegre como siempre. Peter, Campanilla, sed muy felices. Nunca Jamás siempre estará abierto para vosotros.
Capitán... ven pronto. Sé que tú no me dirás que soy demasiado mayor para creer en la magia. Sé que tú leerás mi historia y comprenderás…
…que la Magia, soy yo. 

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