domingo, 12 de febrero de 2017

Desgaire


Qué peligrosas son las sonrisas inocentes, te hacen perderte en la alegría de una niña y luego no sabes qué hacer con la mujer que la porta.
Esa misma cría que corre como loca por el parque es la misma mujer con unas curvas que la DGT anuncia que no deberías tomar. Si le das un beso en la frente a la niña, te estarás envenenando con los labios escarlata de la mujer... y ya no sabrás qué hacer.
Las dos son las caras de una misma moneda. Si la niña te abre las puertas a sus mundos imaginarios, no creas que por eso va a tener las piernas cerradas, y mucho menos al contrario. La misma imaginación que tiene para su magia hará que salten chispas en el fondo de tus sábanas, si dejas que la niña y la mujer jueguen a la vez. Que se ría la niña cuando la mujer tiemble, que muerda la mujer cuando la niña siente. Deja entrar a las dos.
No quieren delicadeza. Te quieren a ti, lobo hambriento, quieren tus garras en su espalda, tus dientes en sus muslos, tu saliva en sus pechos y tu aliento en sus secretos. Quieren encajar su puzle con el tuyo para poder matar a los rompecabezas que las acosan. Gritarían tu nombre a cada hora, clavarían sus dedos en tu pecho, cada vez más rápidos, más profundos, más, más, ah, más... hasta desenterrar aquello que una vez dió color a todo tu cuerpo.
Solo entonces la niña te susurarría un "te quiero", suave, real, tan sincero, que todo tu alma temblaría como la mujer hizo temblar tu cuerpo.
Pero la niña está cansada de cuidar de los niños rotos… y la mujer está cansada de estar encerrada, tan desaprovechada, que muere de frío mientras su pequeña desfallece sin emociones.
Desde fuera dicen que es perfecta. Que su sonrisa eterna les derrite. Que sus energías contagian pura felicidad. Que se puede hablar de todo con ella, tan apasionada, que transmite ganas de comerse el mundo.
Desde dentro nadie dice nada, porque nadie sabe lo que lleva dentro. Cuenta la leyenda que si excavas en su pecho encontrarás otro universo, pero a nadie le importa. Ella solo da con niños que quieren ser hombres y hombres que quieren ser niños. Y la descuidada, que pertenece a ambos mundos, no encaja en ninguno.
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Le aconsejan que abandone uno de ellos. Pero qué absoluta negligencia. Prefiere morir sola y completa que acompañada y con medio corazón. Ella se puede reconstruir los pedazos de las malas experiencias, pero nunca podrá recuperar la mitad de su alma si la deja marchar. Y ojalá, ojalá exista alguien que lo entienda.

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