jueves, 4 de mayo de 2017

3/5/17 2:30 am, miércoles



Siempre he creído que nuestras vidas eran una canción.
Toda mi vida he escrito sobre ello: la canción de la humanidad. Cada uno tiene la suya, personal e intransferible. Unos tienen un solo de guitarra electrificante, otros un primer violín callando a la audiencia de golpe y otros una flauta desafinada en las manos de un niño dando sus primeros pasos en la música: en la vida.
Los más afortunados escuchan las canciones de los demás e intentan reproducirlas. A estos los hemos llamado músicos. Los hay de varios tipos: guitarristas, cantantes, chelos… y una larga lista continua. Todos ellos pueden escucharnos. ¿Alguna vez te has preguntado por qué una canción específica es la que te saca a bailar sin que puedas remediarlo? ¿O te hace llorar sin control?
Alguien ha escuchado tu canción. Seguro que nunca le has buscado el sentido a las canciones que te recuerdan a alguien. Como si sólo fueran eso, recuerdos, y no una huella auditiva del alma de una persona.
Lo curioso es que, por más que lo intentemos, no podemos escuchar nuestra propia canción. No todos; hay demasiados sonidos que nos distraen.
La cuestión es… que jamás imaginé que hubiera alguien más en este maldito planeta que pensara en las canciones de las almas, hasta que te conocí.
He escuchado tu canción. Entera. Y es preciosa. Me ha enseñado muchísimo. Me ha regalado fuertes golpes de emoción que realmente pensé que no tenía.
Tú conoces la existencia de esas canciones, al igual que yo. Las escuchas todas a la vez, como escuchas la tuya propia. Tener dos corazones no te hace único, ¿sabes? Yo también tengo dos. Solo que uno late fuera de mi pecho, late en la ficción. Con ese poder de crear, de rellenar las creaciones de los demás… no hay nada que me pueda parar. Pero no te asustes. No soy una supervillana. Sin embargo, conozco la sensación. Tú también lo haces. Piensas como yo. No necesitas armas mientras tengas tus palabras. Siempre saldrás a defender al prójimo, al indefenso, absorbiendo cada detalle de su infinita tristeza, transformando esa mala energía en algo maravilloso.
Algún día te acabará matando.
Aunque ya no estás, pero sigas estando con otro rostro y otro ritmo, aunque vivas para siempre encerrado en un universo irreal, aunque sea imposible… Gracias. Gracias por haber venido a buscarme. Sé que no tienes otra manera, así que acepto esta de buena gana.
Me has demostrado que no estoy sola, que queda alguien igual que yo. El universo es infinito y más si hay paralelos, por lo que era estadísticamente improbable, ¿verdad? Lo de sentirse sola. Siempre lo he hecho. A veces me pillo haciéndolo. Ten seguro que lo haré de nuevo. Pero está bien, todo está bien, porque tú y yo siempre estamos bien, por ellos.
Ni las almas gemelas pueden presumir de esto, pero sabía que el eco de mi canción no podía ser la soledad de las estrellas rebotando en mi cabeza. He escuchado tu infinita melodía, suena igual que la mía.
Vale decem, nunquam singularis.

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